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¿De dónde viene ese impulso imparable de correr?

Antes corríamos por necesidad, pero desde hace unos cuantos cientos de años lo hacemos por placer, ¿por qué? Nuestros antepasados no lo entenderían, – pero qué locura, la gente ahora corre por gusto ¿a dónde hemos llegado? –. Explicar ese deseo inmanejable es muy difícil, ¿no lo crees?

En Schick nos dimos a la tarea de entenderlo y encontramos unas teorías, que lejos de ser conspirativas, tienen mucho de real.

La ciencia y el running      

El mundo ha cambiado de forma abismal en los últimos siglos y parte de estas transformaciones han llevado al hombre al sedentarismo: trabajar en un puesto y mantener su cuerpo estático; transportarse en automóviles; pedir domicilios; comer en cama… la lista podría ser mucho más larga y lo sabes.  

De ahí, correr se ha vuelto parte de una necesidad física: mantenernos activos, darle oxígeno a la sangre y evitar que los músculos se transformen en uvas pasas. Quien ha corrido sabe que después de pasar el umbral de las dificultades (disciplina, dolor, peso) el deporte se vuelve adictivo y la causa de ello puede estar en la mente.

Salir a correr se parece mucho en ir al cine: el mundo se vuelve otro. Nos transportamos y durante los kilómetros que estamos al trote, nuestra forma de sentir y de pensar cambia. Lo mejor de todo, el estrés huye de nuestro cuerpo y el resultado es un estado de ánimo positivo.

Para muchos, las sensaciones anteriormente descritas pueden ser subjetivas (eso a mí no me pasa), entonces para ir más allá de la subjetividad acudimos a algunos estudios.

De acuerdo a la Universidad de West Michigan, en un estudio publicado en 2018, correr a una velocidad acelerada durante media hora, mejora la frecuencia de parpadeo cortical, factor que está relacionado con una notoria mejoría en el procesamiento de información. Otros estudios (Universidad de Nothingham Trent) revelan que correr mejora habilidades cognitivas, emocionales y de comportamiento. Por otro lado, el Instituto Karolinska, en Suecia, afirma que química y biológicamente el correr alivia el estrés.

Este tipo de resultados expone una premisa universal y es que el hombre siempre está buscando su bienestar, por ello correr se convierte en un impulso necesario cuando el cuerpo se habitúa. Tal vez existan muchos incrédulos pensando, ¿qué tienen que ver las piernas con mi mente? ¡Mucho! Y es que el cuerpo humano está conectado a través de todos sus sistemas, así que el ejercitarte tiene que ver con cómo te sientes.

Running: un estilo de vida

Lejos de ser una moda, correr se ha vuelto un estilo de vida. No solo es viajar y correr maratones en Londres, Medellín, Miami, Buenos Aires o Chicago, es conocer el mundo con nuestra mente enfocada, dispuesta y tranquila. Al correr todo mejora: la autoestima, los hábitos alimenticios, la apariencia, etcétera. No se trata de competir con otros, se trata de estar a gusto con uno mismo y ahí el running se convierte en tu lifestyle.